Donde está el fuego

Ahí es donde quiero llegar, comer de los bordes de la tierra, inhalando las pestes de los perros. Corre como una máquina, danza chamán, susurra al oído, dirige como una bestia, muerde y siéntete cómodo atravesando tu conciencia durante el mañana. Sale disparado jadeando, respira hermano, respira, tu nombre ha nacido. Viejo indio de ermitañas costumbres llegaste en un misterioso tren. Te veo indio, te veo.

Costumbre

Quiero salir del mundo en el mundo,

arrancar el cuero desde la mandíbula superior hasta el cielo;

llorar por los jardines perdidos de Babilonia,

escalar las cruces de Lituania,

quiero perder la vida con vida.

Porque la costumbre hizo lo que soy,

quiero matar la costumbre con más costumbre. 

Hábito

Me levanto con esa costumbre tan mía, tan íntima, tan del ego,

no me importa vender mi espíritu, no me importa hacerlo.

Aunque ese líquido no valga nada y lo condene todo, es mío el deseo.

Es por él por quién me levanto y me acuesto, feliz de hacerlo abro mi paso lento al infierno.

Ya no importa en quién piense o a quién abrace, sólo importa el subir explosivo de ese líquido espeso.

Tan distinto a los otros, tan mío, tan íntimo, tan del ego. 

Lo observo y le hablo, me observa y me considera un amigo fraterno.

Su silencio dice mucho más de mí que toda una vida frente al espejo.

Me acuesto con esa costumbre tan mía, tan íntima, tan del ego,

para luego despertarme con las sábanas pegadas al hueso.